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sábado, 4 de junio de 2011

TRES HISTORIAS ANALFABETAS ( I )



...Era de noche y ya habíamos terminado de cenar. Pensábamos entre los cuatro, donde terminarian nuestros cuerpos después de varias botellas de vino y otras tantas de cerveza. A alguien se le encendió la luz y nos fuimos a un pub de moda de la ciudad.
Eso de coger el coche en esas condiciones no me parecía bien, pero como la mayoría gana y a esa edades "todo vale", pues allí que nos dirigimos.
Reconozco que yo iba un poco bolinga, y además tenía razones de sobra para ello. Al menos así lo justificaba para aliviar mi ego más interno y rebelde. Pero lo que estaba a punto de suceder, no lo esperaba ni en el más horroroso de mis sueños.
Se acercaba a la barra como si no existiera nadie a su alrededor, como si nadie le viera, y como una gacela en celo, exhibiendo su contorneo de cadera, abrumaba el inconsciente de aquel, que solo en la barra, no supo ver ni prevenir lo que le acechaba.
Yo a lo lejos y disimulando, sin saber que hacer, con la vista nublada por las lágrimas que ya empezaban a nacer, ya sabia el final de la historia. En un abrir y cerrar de ojos, como un relámpago, sus labios sintiéndolos a lo lejos a cámara lenta, se juntaron saboreando lo más tierno de lo prohibido. Fue entonces cuando mi corazón se desquebrajo y comenzo a partirse y jamás nunca, pude volver a reconstruir sus trocitos...


                                                                          (M.S.  fragmento de "Un viaje a ningún lugar", 2010)

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