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lunes, 24 de octubre de 2016

CON LA OTRA CARA





Desgraciadamente muchas de nosotras vivimos en algún momento de nuestra vida en una mentira, no porque nos lo proporcionamos nosotras mismas, que también es el caso, sino porque nos creemos ciegamente lo que nos cuentan.

En algún momento más vale que fuéramos honestas e hiciéramos una introspección con la sinceridad que nos sea concedida por nuestra conciencia y viésemos toda la verdad y toda la mentira, no la que hayamos podido contar, sino aquella que nos hemos contado y después de tanto tiempo, nos hemos creído.

Siempre he creído en el amor, en lo que me contaban...me lo creía sin cuestionar nada en ningún momento. Me creí ciegamente que me amaban, que era todo su mundo, que cualquier cosa era después que yo. Con el paso del tiempo descubres que todo es finito y que tu primera mentira es decir que es para siempre, y no admitir que en algún momento del camino, se puede romper tu corazón.

Yo también fui de ese grupo de personas que piensa que existe el infinito y más allá. Que cuando amas, aunque después dejes de amar, amas para siempre. Hay pocas que creemos en la compatibilidad, en compatibilizar la existencia con la inexistencia y/o los recuerdos.
Somos ya pocas las que nos creemos las mentiras ya que hemos aprendido a ver la vida, a fuerza de golpes, con la otra cara. Esa cara social, de olvido, de rabia y de queja continuada. Nada está bien, porque lo dicen los demás. Nada es perfecto, porque duele a los demás. Nada es eterno, porque entonces no puedes atrapar, controlar y estrujar. Es el sentido de poseer.

Dentro de la mentira y la verdad, hay escalas; hay mentiras que duelen y hay verdades que matan. Pero lo peor de conjugar el verbo MENTIR (yo miento, tú mientes, él/ella miente, nosotros/as mentimos, vosotros/as mentís, ellos/ellas mienten) es conjugarlo junto con los VALORES de cada uno.
Si tienes unos valores, una actitud positiva ante la vida, pero a la hora de planificar tus objetivos no tienen en consideración tus valores...se destruye de un soplido tu castillo de naipes y tu vida al completo es una auténtica mentira.

Miremos siempre con la cara buena, la de nuestros valores y defendamos-los, así conseguiremos apartar la mentira de nuestro lado y no hará falta creer ciegamente sino sentir más profundamente y a soñar que todo es posible.

domingo, 23 de octubre de 2016

AUNQUE NO VA CONTIGO




Otra vez más estoy dándome contra la pared, por algo que no me corresponde, pero es que a veces me supera la injusticia al ver, observar la ingratitud, la mentira, el abuso, la falsedad...sobre gente buena que se deja llevar sin saber por qué y cuáles pueden ser las consecuencias.

Antes no lo entendía, ¿por qué nos dejamos llevar por el abuso de los demás?¿por qué ignoramos los peligros de no querer ver lo que tenemos delante de nuestros ojos?...¿por miedo quizás?...¿por miedo al vacío, a la soledad, a no estar a la altura de lo que nosotros mismos esperamos, a no encontrar lo que buscamos para ser felices,...?

¡Ahora lo entiendo!. Son sus armas, potentes trampas que saben utilizar a la perfección.Un dominio embaucador del saber capturar la debilidad de los demás. Aprovechan las mentiras, su arrogancia y su superioridad apoyándose en una inteligencia desatada que siempre utilizan para humillar a sus víctimas, distorsionando a su favor una realidad y verdad que daña inevitablemente la personalidad de los que están a su alrededor.
Jamás lo reconocerán. Casi nunca son conscientes de su comportamiento y son capaces de dar la vuelta a las cosas de tal manera, que convencen al resto de la humanidad de su indefensión. No tienen sentimientos ni capacidad para perdonar porque no se sienten culpables de nada. El daño siempre es responsabilidad de la baja auto estima del otro, a la que ha sido inducida con toda amabilidad, hasta incluso desterrarlo como envidioso y antisocial.

Lo prudente, es salir corriendo; la lástima es que pocas veces tienes conciencia hasta que es demasiado tarde...
Una vez aprendes a detectar este tipo de personas (¡que aprendes!), tu vida cambia totalmente, aunque, como en esta ocasión, cuando lo ves de lejos y aunque no vaya contigo, no puedo evitar sentir irritación.
Y...No tengo perdón por callarme.

viernes, 21 de octubre de 2016

CON OTRA MIRADA







Después de esa introducción en esa Valencia en plena guerra civil de la mano de Mila Martínez con su novela "Mis noches en el Ideal Room" y la presentación tan esmerada de María José Garrido, he querido ir un paso más allá y preguntarme qué es lo que cambia entre una imagen y otra. ¿El color?
A través de los recuerdos de mi padre, enfermo de alzheimer, y las vivencias de aquel chaval de unos diez años, intento averiguar si realmente lo único que separa estas fotografías es el color o hay algo más dentro de nosotros que también se ha transformado.
Fui con suma delicadeza entablando con miedo la conversación sobre este tema tan peliagudo que muchos no quieren reconocer como parte de nuestra historia, pero que lamentablemente, tenemos que asumir. Mi padre siempre ha sido un gran lector y posee una biblioteca envidia de cualquiera. Aprovechando su afición le pregunté (por sacar el tema y ver como reaccionaba), si tenía algún libro que tratara de la guerra civil.
Mi sorpresa fue su respuesta:

       "Seguro que tengo más de uno, pero no sé dónde están. Pero sí puedo contarte lo que recuerdo de aquella época"

Sus ojos empezaron a brillar y aprovecho para dejarle hablar y yo escuchar atentamente.

     "Mi padre era ferroviario y toda la familia vivía por la zona de alrededor de la estación. Unos abuelos por el principio y otros abuelos hacía más a las afueras y nosotros tirando más a la Gran Vía. Mi hermano y yo íbamos a la escuela y al salir, siempre nos acercábamos a ver a unos abuelos o a otros. Jugábamos con los amigos por toda esa zona, por las vías, por los trenes..."

Parón, brillo en los ojos y sonrisa pícara.

      "...Venían trenes cargados con soldados rusos (?), que no dejaban bajar de los vagones ni siquiera para mear...Tenían un orificio y por ahí hacían sus cosas... nos llamaban y a cambio de algún regalo o alguna moneda, les acercábamos vino o cosas que nos pedían. Mis abuelos tenían una tienda por la zona donde vendían alpargatas, ropa, para comer o asearse y aprovechábamos para coger cosas.
...A veces sonaban las sirenas y corriendo nos íbamos al refugio más cercano. Otras veces no nos daba tiempo y nos refugiábamos en casa de los abuelos. Cuando salias a la calle todo era polvo, piedras, gritos, lloros...asustados, corriendo, nos íbamos a casa, con mucho miedo.
Nos bombardeaban los aviones pero también los barcos desde el puerto..."

Otro parón y más brillo en sus ojos.

     "...Un día estábamos jugando por la calle y sonaron las sirenas. Mi hermano y yo nos fuimos corriendo a casa de los abuelos más cercanos. Cuando paso el bombardeo y pudimos salir...uno de los amigos estaba muerto en el suelo... Me acordaré siempre...nunca me olvidaré..."

Quizás no sea bueno remover, pero es necesario empezar a ver las cosas con otra mirada, no de culpa, si no con la mirada de un niño y aquellos recuerdos que jamás olvidará, y comprender así que si hace ochenta años no fue justo tanto sufrimiento, tampoco es justo el sufrimiento de tanta y tanta gente que sigue en guerra, el sufrimiento de los niños, de los refugiados que no saben a dónde dirigirse, de millones de pérdidas.
Las imágenes de Alepo, ¿a caso se diferencian mucho de nuestra guerra civil?
Mirando nuestra historia, hagamos que las actuales fotografías no nos dejen indiferentes.
Son las mismas historias, las mismas frustraciones y el mismo sufrimiento. ¿Vamos a seguir deshumanizados?

Mejor aprendamos a ver con otra mirada...

       

martes, 11 de octubre de 2016

TENEMOS DERECHO




Tengo derecho a ser políticamente de izquierdas o de derechas, o a ser apolítica.
Tengo derecho a ser como soy, a mostrarme y ser feliz con lo que siento.
Tengo derecho a que se me respete, a que si no te gusto me ignores, a que no me odies ni me increpes constantemente.
Tengo derecho a ser diferente a ti y a poder pasearme por las mismas calles por las que paseas tu y que no te metas conmigo.
Tengo derecho a ser atea o a practicar cualquier religión. Incluso tengo derecho a rezar si me da la gana.
Tengo derecho a poder ser feliz con mi forma de pensar, que no tengas que cambiármela para pensar igual que tu, que pueda expresar en cualquier lugar como y lo que pienso.
Tengo derecho a tener mi propio aspecto, a ser gorda o flaca, alta o baja, guapa o fea.
Tengo derecho a que me respetes por el simple hecho de ser persona, a que no me califiques de estúpida o tonta, a que me dejes progresar adecuadamente y no me trates con ese desprecio típico de aquel que se cree más que los demás.
Tengo derecho a vivir, a protegerme de tus frustraciones, a no tolerar tu comportamiento autoritario y cínico, cuando aún sin conocerme, te permites el lujo de hablar mal de mi.
Tengo derecho a decidir; a decidir lo que quiero ser, a ser rico o pobre, a quejarme, a enfadarme y hasta tengo derecho a protestar...como lo hacemos todos.

Por eso quiero decirte que igual  que yo tengo derechos, también los tienes tú. Que tu y yo, en eso de los derechos, somos iguales. Que si yo lucho por mis derechos también lucho por los tuyos y que no pienso quedarme en casa cruzada de brazos mientras otros hacen lo que es mi deber, ni dejarme abandonar a eso que llaman suerte.
Solo por nacer tenemos derecho a vivir y mi conciencia me dicta que todos tenemos derecho a hacerlo de la mejor forma posible.
Si tu no quieres defender tus derechos -los nuestros- al menos deja que lo hagamos los demás. Respeta.


                                                  "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
                                                                     Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, 
                                                                     en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo 
                                                                     correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo"
                                                                                                         Aristóteles. 

viernes, 7 de octubre de 2016

POEMA DE AMOR






                                         "Y pronto me despertaré
                              y abrazaré tu cuerpo con mi cuerpo,
                              oiremos el ritmo de nuestros corazones
                              cantar esa canción de amor.

                             Y en el silencio una mañana,
                              nos iremos al amanecer
                              tu conmigo, yo contigo
                              y un camino por deshacer."


                                                  Maco Seguí

miércoles, 5 de octubre de 2016

TALLERES






Una buena manera de perfeccionarse y llegar a dar lo mejor de uno mismo, es preocupandote por ti, por aprender, por gestionarte, por superarte...
Tienes que conseguir tiempo para ti misma. Sin ese tiempo es imposible crecer como persona e imposible reconocer tus errores y poder rectificar.

 
                                      PARA UN INSTANTE Y MIRA TE!!


No puedes decir que eres feliz si ni siquiera eres capaz de saber ni sentir lo que significa y para saber lo que significa, tienes que abrir tu corazón y mostrártelo.

Leo por muchos sitios que las personas fingimos ser felices; fingimos estar contentos; fingimos sonreír.

                                       ¡Cuanto fingimiento!

Muchas de nosotras ni podemos ni sabemos fingir. Se nos nota en la cara, en la mirada, en el trato con los demás, en la forma de caminar, en nuestra energía. Y ¿Cual es el pago por esa falta de fingimiento?...Que los demás te lo digan. Sienta genial cuando alguien te ve y te dice "como has cambiado", "se te nota en la cara", "siempre estás contenta", "irradias felicidad". Hay cosas que no se pueden fingir y que te sientas bien por dentro, inevitablemente tiene un reflejo positivo, pero tienes que cultivar día a día,  querer mejorar y no dejar de aprender, tengas diez años, cincuenta o cien.

Hace un año me plantee apuntarme a unos talleres. Me pillaba en un momento de mi vida un poco complicado y pensé que igual era tirar el dinero.
Hace unas pocas semanas me pidieron dar mi opinión del curso-taller al que al final sí acudí. Medite mi respuesta y escribiéndola me di cuenta que, aunque no lo sabía entonces, quería tomar las riendas de mi vida, rectificar e intentar que aquello que se cocía dentro de mi, fuera disminuyendo en presión y aumentando en pasión.

Aprendí mucho porque tenía ganas. Necesitaba recuperar mi vida a pesar de mis cincuenta y cinco años y volver a poner ilusión, a poner metas y a seguir un camino que en un momento determinado supe que me pertenecía y en el cual podía ser feliz.
Ahora esta a punto de empezar el segundo año de los nuevos talleres y cuando ha llegado el programa hoy mismo a mis manos, me he sentido como si me hubieran hecho un traje a medida. Son todos los puntos que hoy por hoy necesito para fortalecer lo aprendido.

Todos y todas sin excepción tenemos el derecho a ser felices. Es cierto que depende de nosotros mismos y que tenemos que hacer algo por cultivarlo y el secreto está en esto precisamente:  NOSOTROS MISMOS.
Date el gustazo de ser tu; olvida todo aquello que hacen los demás; deja de ser juez y jurado y preocupate de lo que haces y de lo que piensas y que esté en paz en tu espacio, en tu rincón de meditar.
Si para ello necesitamos ayuda... pues la pedimos o ponemos remedio y a continuar, porque en el fondo todos somos responsables de todos.



  

           
   Para más información sobre cursos y/o talleres puedes encontrarla o ponerte en contacto en:


                      eligetuelcaminoconmaribel.wordpress.com


domingo, 2 de octubre de 2016

UN AÑO INTENSO





Mañana hace justo un año que nos casamos, un año que, a pesar de estar quince años juntas, tomamos la decisión de firmar un compromiso y de formar nuestra propia familia legalmente.
Después de tener a mi hijo entre mis brazos nada más nacer, el casarme contigo, es la segunda mejor cosa que me ha pasado en esta vida.
Ha sido un año muy intenso y positivo. Absolutamente todo lo que hemos hecho, lo hemos hecho con el consentimiento mutuo y una unidad impresionante. ¡No hemos parado!, Sin grandes cosas, sin grandes pretensiones, hemos sabido saborear cada momento con toda intensidad bien a la orilla del mar o en lo alto de las montañas pero las dos mano a mano.
Casi al instante después de casarnos, nos dimos cuenta de tantas cosas, de todos los fallos cometidos, de tantas puertas abiertas que deberían haberse cerrado, de esas heridas por cerrar, de las falsedades... Pero por esa misma razón, fuimos capaces de abrir los ojos y ver toda esa parte positiva que estaba ahí y no le dábamos el valor que le correspondía.
Dicen que a veces, después de tanto tiempo juntos, te casas y la cagas. En nuestro caso, creo que puedo hablar por las dos, el amor, la unidad, la complicidad y las ganas de estar juntas y amarnos, ha crecido sin ninguna duda.
Me gusta!! He disfrutado mucho. He vivido un año feliz, con ganas de vivir, de disfrutar de la vida y de mantener a distancia todo aquello que pudiera perturbarnos.
Un año que pienso repetir cada año de mi vida porque me sobran ganas para quererte.
Cada día me haces sentir la persona más feliz de la tierra y por eso y por tu comprensión durante aquellos años pasados, te lo agradeceré siempre.
¿Continuamos el camino?
Aunque el tiempo sea limitado, todavía nos quedan muchos sueños por conseguir.