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domingo, 11 de diciembre de 2011

TODO LO QUE ECHAMOS DE MENOS




Esta soy yo de pequeña. A mi estilo. Marcando diferencias ya a temprana edad. Con mi cinta en el pelo puesta de cualquier forma, el chupete colgando y con el "periódico" del momento, "culturizandome".
La tercera de cinco hermanos, que ¡ya va bien!. ¡¡¡Familia numerosa!!! pero por aquellos tiempos se ve que era algo normal. Recuerdo que en el colegio la mayoría, si no todos, teníamos hermanos: cuatro, cinco, tres y hasta ocho. ¡Eran otros tiempos! Hoy con tres hijos ya formas familia numerosa.

La cuestión es que los tiempos cambian (es evidente) y también nosotros cambiamos. Nuestros gustos se transforman, modificamos conductas y las adaptamos a las actuales, ya que antes no existían. Con la edad te acoplas. A los cincuenta hay mucha gente que sabemos utilizar a la perfección los ordenadores. La gran mayoría tiene su portátil, su teléfono móvil casi de última generación y hasta muchos tienen e-book para leer cómodamente mientras hace los ejercicios de rehabilitación.

Cuando empezó la telefonía móvil, era ciencia ficción que pudiéramos andar por la calle con autonomía, sin cables y con equipos más parecidos a los pequeños buscas que a los grandes ladrillos que pocos podían tener. 
Creo que hoy ya no interesa como eran los teléfonos de la época pasada, ni si nuestros padres tenían muchos hijos o si nos llevaban a los Viveros como único sitio para salir a distraerse. ¡Son historias de mayores! que no interesan para nada a la generación de adolescentes que vienen pegando fuerte por detrás.
Aunque sé, que en el fondo, cuando sean mayores, cuando tengan mi edad, en un momento u otro volverán la vista atrás en busca de recuerdos, de fotos, de historias y anécdota que les hagan preguntarse quienes son y de donde vienen; sin esto, nunca sabrán a dónde van.

A mi edad, por nostalgia u otras razones (cada uno tiene las suyas) sí echamos de menos las historias de nuestros padres y nuestros abuelos; aquellas batallas que nos contaban mientras comíamos alrededor de la mesa mientras nuestra madre peleaba con uno u otro, aquellas que nos contaban una y otra vez y, nosotros nos reíamos divertidos pensando "otra vez mi abuela con sus batallas"; aquellas que hablaban de lo poco que tenían, del final de la guerra, del estraperlo, de los carnets para comer... y mil historias más que repetían mil veces por el alzheimer y que yo hoy desearía recuperar para no perder un trocito de mi historia, que al fin de cuentas, eso es lo que es: mi historia.

No digo que esta época sea mala; es nuestra realidad y con ella tenemos que vivir. Quizás  es un llamamiento a la reflexión interna de cada uno de nosotros y a pesar de los muchos estudios psicológicos de no volver al pasado, de mirar siempre hacia delante, del borrón y cuenta nueva... mirar una vez más hacía atrás, intentando recordar las historias de nuestros padres y nuestros abuelos para descubrir (o intentarlo, al menos) lo que esta pasando ahora en nuestra propia historia.
Tengo la esperanza de poder cambiar la historia que vivimos en este momento de crisis y desesperación para muchas familias, no sólo de España, sino del mundo entero, por otro contenido mucho más humano, divertido y amable, con sensibilidad y recursos de lucha, libertad y progreso digno para todos, para que en los próximos años pueda contar la historia a las generaciones venideras, sin tener que cambiar la sonrisa e inocencia de la foto que encabeza este artículo.
De nosotros depende lo que tengamos que contar...

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