Páginas vistas en total

viernes, 9 de septiembre de 2016

HAY QUE DECIR ADIÓS



                                "A todas las locas, porque ellas consiguen dibujar la cordura
                                              de los demás. Gracias por vuestro sacrificio diario.
                                              Por intentar entender  el mundo"

                                                                                                    Eley Grey



Ya he pasado esa faceta de sonreír sin tener ningunas ganas para no tener que reñir; guardar muy hondo mis sentimientos y olvidar, para poder seguir con esta insana amistad.
Hay determinadas actitudes que no te esperas, otras que sí y otras te vienen de sopetón, pero he aprendido a ver las cosas desde otro prisma y darme cuenta que, aunque a veces duele, hay que decir adiós.
En verdad no es tan malo, prefiero tener recuerdos bonitos que pasarme el resto de mi vida añorando una amistad que de hecho no existía. Como dicen las tarjetitas de Facebook:
                                                  "Si se va, es que no era"

Al fin me he quitado las vendas de los ojos (tenía muchas), el yugo, aquel sentimiento de querer salvar algo que en lugar de proporcionarme bienestar, estaba martilleándome continuamente con provocaciones, desasosiegos, insultos, mentiras, miserias, obligaciones y deberes que en absoluto me correspondía, según prevalecía un juicio u otro.

La amistad, como el amor, también se cultiva, también se mima, también se riega...para poder crecer, si no al final, se seca, se pudre y acaba por morir.
No es cuestión de unos días, más bien es cuestión de tiempo, y saber que ese tiempo, esos límites y esos silencios, tienen fecha de caducidad.
"El tiempo que hace que...(no nos vemos, no hablamos, no...) a ese tiempo que ya es tiempo muerto"

A pesar de lo que diga nadie, la amistad profunda y verdadera también existe a partir de los cincuenta y posiblemente con mucha más fuerza que en la juventud.

Y cuando escribo esto, lo escribo desde el tiempo robado, ese tiempo perdido, ese tiempo malgastado con una falsa moral que a todos nos invade en algún momento.
Rabia por no haber reaccionado y haber sabido buscar donde realmente estaba mi mundo y no en una fantasía ajena de infelicidad y caprichosos vaivenes.
Lo escribo, ya no desde la ira, sino desde ese poco orgullo que me queda después de desbancar a mis propias miserias y comparar lo que es, con lo que debería haber sido.

Muchos pensaréis que estoy dolida por hablar así, pero es todo lo contrario; estoy renovada, estoy feliz y al fin liberada hasta de mi propio yo que me subyugaba a ser barrio bajera, arrastrada y a estar inmersa en una pérdida constante de identidad.
Al final he sucumbido a mi propio yo, a mis valores; he encontrado la formula ideal para restablecer todo el daño que he permitido hacerme sin ni siquiera darme cuenta que era yo misma y mis miserias las que me flagelaban por mi propia cobardía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario