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domingo, 22 de octubre de 2017

REBUSCANDO PORQUE SI

Aveces el pasado vuelve sin que puedas hacer nada. Vuelve sin avisar, sin llamarlo, pero en tu mano está no hacerle demasiado caso y dejarlo pasar.
Me da mucha lastima sentir lo mal que se actúa en circunstancias críticas, esas en las que queremos salvaguardar nuestras espaldas sin que nos afecte lo más mínimo dañar a los demás. Claro, eso al final tiene sus consecuencias. No podemos ir "sabiéndolo todo", "conociéndolo todo", "siendo las más listas" cubriendo nos de gloria y sin que nos pase la susodicha factura.
¡Hay que ser humildes! ¿Cómo?, ¿Qué no conoces esa palabra?. Pues ser humilde es pasar por la vida sin pronunciar a voz en grito nuestros logros y ser capaces de reconocer nuestros fracasos, errores y debilidades. Vamos, andar por la vida sin ese "orgullo" que tanto caracteriza al ser humano...
¿Que tampoco sabes lo que es el orgullo? Pues es un exceso de "arrogancia", de autoestima, que yo no digo que la autoestima elevada este mal, pero con exceso...pues ya se sabe.
Igual tampoco sabemos lo que es la arrogancia. Bueno, tampoco importa, aunque sea un sentimiento de superioridad ante los demás.
A lo que vamos.
Nos pasa factura tanto el tiempo como nuestras acciones, las buenas y las malas, y en nuestra mano está saber diferenciar unas de otras, aunque al final, no sé porque, siempre prevalecen las malas. Y todo simplemente por no saber aceptar que nos hemos equivocado.
Mi vida ha sido un continuo error. No me arrepiento. He aprendido como nadie, y aunque a veces humillada, siempre valiente y fuerte.
Si, si, aunque no lo parezca soy fuerte. Ante lo malo he sabido hacer frente a pesar de que ni o misma daba dos euros por mí, y ante lo bueno he sabido reírme y compartir.
¿Qué más esperáis de la vida? Tampoco es necesario pedir peras al olmo, osea imposibles, para tener una vida sana.
Quizás simplemente con aprender sería suficiente...
Siendo humildes; reconociendo nuestros errores; dejando el orgullo y el exceso de autoestima en un cajón y no sintiéndonos tan arrogantes ni superiores, que a fin de cuentas todos somos más o menos iguales.

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