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martes, 29 de mayo de 2012

UN MARTES CUALQUIERA



Me levanto para preparar el desayuno como todos los martes. Es un día para mí muy especial. Zumo, tostadas, leche... pongo la mesa y espero pacientemente. Noto que estoy feliz, ¡muy feliz! Es pronto todavía. No he podido volver a acostarme. Tengo un nervio por dentro... ¡"Que tonta soy"! ni que fuera algo ocasional!!!. Es siempre el mismo ritual. De tanto repetirlo se ha convertido en costumbre ¡Me encanta!.

¿Que me cuesta? Nada...
¿Que consigo? Nada...

... Ha amanecido antes de lo normal; a las siete, ya estaba el sol totalmente fuera y eso ha hecho que hoy, mis estructuras se rompan; El molde se ha roto. Lo han roto. Lo he roto.
No voy a desayunar. No es lunes ni martes ni miércoles... No hay día. Va a ser otro día que me voy a inventar. Nuevo. Rompo las estructuras y los esquemas porqué ya no me sirven. No me gustan. Son estúpidas y absurdas. Te atan y atentan contra tu propio equilibrio.

¿Sabes? Hay silencio. Sólo silencio. Es lo peor. Quiero oír un murmullo, una sirena, un pájaro o un avión. Quiero oír tu voz. Pero ¡no! sólo silencio. El silencio es el peor enemigo. No explica, no da razón ni invita a la reflexión. El silencio no responde. Calla. Ataca con la indiferencia. Manda. Gobierna. El silencio es hoy. No es otro día. Tampoco es otro lugar.

Vamos a meditar...

¿Que me cuesta? Nada...
¿Que consigo? Nada...

                                           ... Pues, volvamos a empezar.

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