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jueves, 21 de junio de 2018

VIDIGON, VIDIGON!!!





Comenzamos hace años nuestra andadura por Vidigon y ahora me encuentro atrapada (?) en un cuadro dónde puedo moverme y soy la protagonista de mi propio encierro. Libre, deseado, ansiado. Sus raíces han atrapado cada poro de mi piel y me siento yo misma en un reino donde no existen mis miedos. Cuando amanece, la luz del sol despierta todos mis sentidos y aprecio, a veces entre sueños, el olor de la tierra mojada y sus miles de hierbas aromáticas; el color de un cielo escandalosamente bonito donde aparecen disimuladas todas las tonalidades del arcoiris. Me persigue, lo sé. Siento como todos mis sueños se revolotean en mi interior queriendo salir al exterior en busca de su historia, y siento, como tantas veces, que me faltas tú, hijo, mi adorado niño, mi trozo enorme de mi. Pienso que ante la imposibilidad de no tenerte, este retiro es la excusa perfecta para frenar esa desesperación de estar a poca distancia y no poderte ver. Siento también alegría, mucha alegría porque cuento las horas para verte a tí, mi mujer, mi refugio cuando necesito paz, mi amor y mi añoranza, mi destino y mi pasión silenciada durante años. Decir que te echo de menos es poco. A cada instante te siento a mi lado, te hablo, te cuento lo que quiero hacer durante el día y al final del día, lo que he hecho realmente. Cuándo respiro en profundo y miró hacia el infinito, las montañas me hablan de ti. Te vigilan en la distancia prometiéndole que algún día podremos juntas disfrutar de nuestro cuadro. Te siento en la noche acurrucada a mi lado y por la mañana siento tu ausencia cálida entre las sábanas que me dicen que te has ido a trabajar. A lo largo del día, si en algún momento me siento débil, pienso en esa balanza que me ha traído a este paraiso, respiró profundamente y me dejo llevar hasta recuperar esa energía que me empuja a seguir hacia adelante. Ruido, ruido y solo ruido. Debería estar prohibido salir de casa antes de las ocho o al menos, salir de casa con vehículos a motor. Es el primer día de mi regreso a la civilización y no he oído todavía un ruido agradable. El aire, un pájaro, el murmullo de las hojas. Tengo los ojos llorosos y una alergia que no me deja respirar. Tengo alergia a la "civilización" y no me extraña. ¡Que diferente es la vida de un sitio a otro!. Hacía tiempo que no me dolía la cabeza...

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