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miércoles, 7 de mayo de 2014

LA ESPERANZA A DESAPARECER




                             "Al hombre le están permitidas todas las esperanzas, incluso la de desaparecer..."

                                                                                                                                                Jean Rostand.





                                      "LA SOLEDAD"




...Alguien cantó una canción, solo se oía la voz; no se oía casi música, tan sólo una guitarra con una agradable melodía. Me levanté de mi cama y miré hacia el infinito. Con la mayor fuerza que jamás existió en mi misma me dije: "hoy es mi día". Conseguí creérmelo.
Pensé que era feliz y creo que en realidad lo era.
Tenía las manos llenas, no se de que, pero existía en medio de tanto vacío algo invisible que me las hacia pesadas; era una pesadez agradable, por qué a pesar de la inexistencia me encontraba bien.
Resulto que entre mis manos llevaba todo el peso de mis años, unos ratos agradables y otros a matar.
Tenía ante mi situaciones increíbles que vistas desde lejos, parecían irreales. Amores incomprensibles que me obligaban a vivir, a sentir y ser yo misma.
¿Por qué no podía ser con todo aquello feliz?
¿Por qué me creía infeliz siendo como en realidad era, con la fuerza, la lucha, la desesperación y ese placer primario que sentía cada vez que miraba a alguien cara a cara, a los ojos, queriendo tanto y dando lo que en ese momento se encontraba en mi interior?
Ahora lo veo. Estaba demasiado claro. Estaba sola y era la única razón que hacia hervir la sangre, sacarme de mis casillas y empujarme hacia lo inimaginable.

Me he acostumbrado. Soy como debía ser y no como yo esperaba.
Es cierto; estoy con la sociedad, con ella. Nadie puede mirarme así o asa; ya no hay motivos. He conseguido llegar a esa felicidad permanente. ¡Sí, soy feliz!. Feliz porque vivo como vosotros; porque río y no lloro; porque estoy sola y digo que hay mucha gente alrededor; soy feliz porque trabajo y produzco (aunque sea poco), porque estoy en lugares estridentes y me divierto. ¡así, soy feliz!
Así, porque me han hecho a una sociedad donde no se puede pensar en el amor que sientes sino en el que te buscan, donde no puedes querer porque los sentimientos no están permitidos, donde no se permite ni pensar en la soledad porque la soledad no existe salvo en el rincón de pensar.

No me quejo. Soy feliz y acepto el cambio. Ya no existe mi propia revolución por llegar a ser lo que quería ser con tal entusiasmo, tal fuerza, tal esperanza.
No me amargo. He conseguido aceptarlo...y quizás por ello soy feliz.
Absurdo ¿no?.

                                             Maco Seguí   ("La esperanza a desaparecer" 1980)

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