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domingo, 4 de marzo de 2018

COHERENTE Conmigo MISMA






Pues sí. Por una vez voy a ser coherente con lo que en este momento pienso y siento.
Pienso que esto, el mundo alrededor, todos en general, va francamente mal. Ha llegado un momento que me supera tanto política como socialmente. No veo nada claro, que exista una solución mágica como el anuncio " mi papá lo arregla todo, todo y todo" ¡¡¡Y antes era verdad!!! (Mi padre era un manitas) que pueda terminar con las injusticias, las mentiras, el acoso, las diferencias e incluso la libertad. "Estamos todos locos, en general"
Siento que para nada es mi momento. Hay otras generaciones con mucha más sabiduría capaces de no dejarse comer la oreja y defender unos derechos a los que hoy por hoy siento que no tengo ni acceso ni cabida.
Si, ya se, puedo ponerme a la cabeza, ser visible y mostrar todas mis cualidades y defectos, asumir críticas y también fagocitar mi ego con las buenas palabras.
Pero en la vida de todos, de cada uno de nosotros, tenemos una llamada interna que nos da avisos de lo que tenemos que hacer, por qué lo debemos hacer y para quién.
En estos momentos estoy cansada y recibo constantes avisos subliminales que me piden que elija, que tome decisiones y que escoja pensando en lo que quiero que sea mi  camino futuro.
¡Es algo tan íntimo y que tan pocas veces hacemos!
Siempre he tomado decisiones con total coherencia, pensando en cada momento lo que quería, bien para mí misma o lo que quería para los demás (esto es una incongruencia de las mías, ya que ahora sé que no puedes querer para los demás. Cada uno debe querer para si mismo)
Cuando era joven decidí tomar las riendas de mi vida y aunque entonces no lo sabía, ya estaba reivindicando mi forma de ser mujer, lesbiana y amante de la vida. Quería ser independiente y lo fui.
Con una edad más adulta, que no por ello más madura, quise ser madre, y lo fui. Renuncie a mi trabajo, a mi propia intimidad y bienestar por mi hijo. Fue una experiencia emocionante que llevo tan dentro que nada ni nadie podrá jamás quitármela.
Un hijo, cuando son pequeños, es cuando más necesitan que estés a su lado y yo pude hacer mi papel con todo orgullo, coherencia, amor y libertad y encima con multitud de muestras de agradecimiento que me elevaban mi bienestar mental a niveles insospechados.
¿Sabéis por qué?
Fui coherente tanto con lo bueno, asumiendo mis méritos, como con lo malo, asumiendo del mismo modo lo malo y lo peor. Si ponemos una balanza, lo malo y lo peor será mayor que lo bueno pero ahora sé que aprendí más y mejor.
Ahora, camino ya de los sesenta y con este cansancio típico de mi edad ( no estoy en buena forma física, jeje), tengo que ser coherente con migo misma y conseguir lo que quiero con calma y tranquilidad, a pasitos.
Ya no valen ni guerras ni batallas, ni condiciones, ni prepotencia, ni rencores... No voy a luchar...
Aquí lo dejo!!!
Voy simplemente a vivir...feliz, lo máximo que pueda.
Gracias a los que me entendéis y estáis ahí, conmigo.

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