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jueves, 11 de enero de 2018

LOS TROPIEZOS EN LA VIDA




Es cierto que a lo largo de nuestra vida nos tropezamos con mucha gente y que en muchos de esos encuentros, nos decepcionamos y hasta nos sentimos fracasados. Tiramos la toalla y pensamos que no vale la pena y que para qué continuar. Lo vemos todo negativo y como no tengamos un poco de control, podemos hasta caer en un pozo de tristeza y no dar posibilidades al resto del mundo, donde seguramente si que habrá alguien que valga mucho la pena. ¿Te lo vas a perder?

Pero, ¿por qué nos decepcionamos?
Simplemente porque esperamos más de alguien a quien habíamos súper valorado. Le habíamos dado el usufructo de ser más que nosotros mismos y , encima le habíamos puesto en un lugar donde sin saberlo, no le correspondía.
Esto ocurre en todas las facetas de la vida incluso en las más personales y familiares.

A veces nos pasa con nuestros propios padres. Cuando somos pequeños los ponemos allí arriba, como si fueran nuestros salvadores y, al crecer nos damos cuenta que no son tan grandes como los veíamos pero que los queremos a pesar de todo.

Otras veces es a nuestra propia pareja a la que vemos no como un igual si no como alguien maravilloso, inigualable, superior a todo tu alrededor, ¡que por algo la has elegido!, pero cuando dejas de verla de esa forma y vuelve a ser un ser igual a ti, llega "el amor" y te hace sentir otros valores, a sentir que amas como el primer día aunque de una forma más racional, y la ves, y la sientes, y la quieres como antes jamás lo habías hecho.
(En este punto, si no existe amor, mejor salir corriendo y no mirar atrás. Cualquier intento será una condena de cadena perpetua).

En otras ocasiones puede suceder en el trabajo o en otro tipo de círculos; Cuando pasan los años y convives con tus compañeros, tus jefes e incluso los clientes, se establecen unos lazos a veces de amistad profunda, a veces simplemente de roce y compañerismo que cuando desaparece como humo de un cigarro... te decepcionas sin poder remediarlo.
Es duro descubrir ciertas actitudes que rondan a tu alrededor y que por tu forma de ser no habías sido capaz de ver. Risas cómplices , miradas cargadas de todo significado, falsedades incalificables e incluso buenas caras que te dicen " ven que te estoy esperando para clavarte una estaca por la espalda". ¡No lo invento!, lo he vivido, lo hemos vivido y seguramente tu también te has tropezado con ello en alguna ocasión.

Que bonito sería que en ninguno de nuestros ámbitos de existencia, supiéramos que era la decepción.
Pero y si esta no existe, ¿como vamos a aprender lo que es la tristeza, la empatía, la superación, el perdón, ...? Esto y muchas otras cosas más hacen que aprendamos a ser mejores personas. No todos, pero al menos un gran porcentaje.
Tenemos que saber que cada uno tiene su papel en esta gran novela que es la vida, que nadie debe estar por encima de ni subido en un pedestal. Todos somos iguales en concepto y todos diferentes. Pertenecer a una comunidad, tener compañeros, amigos, conocidos, nos enseña a desarrollarnos como sociedad y como seres sociables que debemos ser.

Hay que saber que igual que nos decepcionan, decepcionamos, así es que no estaría mal hacer un poco de introspección y preguntarnos cuantas veces hemos decepcionado y porque.

Si de alguien he aprendido es justamente de la mujer que más admiraba y por ello la que más me ha decepcionado. Pero gracias a ella también he aprendido a perdonarme, y eso para mi borra todo el historial.

En definitiva, aprender a empatizar, a ponernos en la piel de los demás, a no desear a los otros lo que no quisieras para ti mismo, a "AYUDARNOS" en mayúscula y sobre todo a sonreír, sonreír y sonreír...



                                                                             Sed buenos.  

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